domingo, 27 de agosto de 2017

LA IMPORTANCIA DE LAS PIEZAS ROTAS




RODRIGO.

Teníamos tan solo 7 años cuando a mi amigo Rodrigo -Alias "El chivas"- se le ocurrió la brillante idea de jugar una tanda de penaltis en la sala de su casa.

A pesar de la televisión, de los floreros y de las figuras de porcelana cercanas a la portería improvisada, Rodrigo insistió en llevar a cabo tan genial reto.

Me enfundé un par de calcetines en las manos simulando los guantes de un portero profesional,  me dirigí al marco de la entrada a la sala - mi portería-.  Mientras, Rodrigo ya había tomado demasiado vuelo para patear el balón. Corrió desaforado... pateó el balón violentamente, y rompió un florero de cristal por impacto directo; luego ya de rebote tumbo a dos guerreros mandarines y a un colibrí hechos de porcelana.

Cristal y porcelana...decenas de pedazos esparcidos por el suelo...La fúrica  mamá de Rodrigo entró corriendo a la sala con una tabla de madera para castigar a su hijo...Cinco tablazos bien puestos en el trasero del "chivas"...Vi como se rompieron las figuras decorativas, la paciencia de una madre, el orgullo de su hijo, y al final, también la tabla.

Mientras Rodrigo se revolcaba en el piso gritando de dolor, su mamá arrodillada en el suelo reunía las piezas rotas, pensando quizá en pegarlas posteriormente. Yo aproveché la distracción de ambos para salir sigilosamente de su casa.

Poco tiempo después de ese incidente, su familia se mudó de colonia y le perdí la pista; Pasaron seis años para que coincidiéramos en las canchas de fútbol amateur de categorías juveniles. Al término de mi partido, Rodrigo fue a saludarme, actualizamos información y recordamos aquella anécdota.

-¿Sigues rompiendo la decoración de tu sala?- Le pregunté sarcástico-
-Nunca más. De hecho eso me ayudó para mejorar mi puntería y marcar buenos goles. Mi secreto es visualizar jarrones, floreros y figuras de cristal en torno a la portería, de esa manera procuro atinar siempre al marco. - Me respondió con satisfacción-
-¿Y pegaron las figuras rotas, o te hicieron comprar unas nuevas? -Siempre tuve esa duda-
-Ni uno, ni lo otro. Pasado su gran enojo, mi madre entendió que solo eran cosas materiales -Concluyó-

Entendí que hay piezas rotas que deben de tirarse directamente a la basura sin ningún remordimiento.



ROSARIO.

Mucho tiempo atrás, diariamente por la tarde nos reuníamos en la cuadra los niños de entre cinco y seis años para jugar diversos juegos hasta que la oscuridad de la noche nos hacia regresar a casa.
A mitad de la calle vivía una muchacha muy linda, no sabíamos con exactitud su nombre, pero alguien de nuestro grupo de amigos nos dijo que ella se llamaba Rosario.

Rosario salía diariamente a la misma hora que salíamos nosotros. Bonita, arreglada y finamente peinada se sentaba en los escalones de la entrada a su casa, esperaba paciente a quien suponíamos que era su novio -un tipo que vestía siempre uniforme de policía-. La sonrisa de Rosario era enorme cuando lo miraba llegar, se podría decir que su felicidad se veía reflejada en una especie de aura; era en verdad una muchacha enamorada. Cuando su novio se marchaba, Rosario muy contenta nos llamaba para obsequiarnos caramelos que sacaba de una enorme dulcera; normalmente ella elegía una paleta y volvía a sentarse en los escalones para observarnos jugar, reír y pelear.

Aquel idilio era perfecto, incluso había el rumor en la calle de una próxima boda:  Yo ya me había resignado a extrañar los dulces regalados. Pero en una de esas tardes ocurrió entonces, que una patrulla se estacionó a mitad de la calle, de ella bajó precipitadamente Rosario que lloraba inconsolable, con su hermosa aura rota, con sus finos labios reventados y  con el corazón hecho pedazos... Ella estaba rota.
Con el rimel corrido por el llanto y el hilillo se sangre que corría por la comisura de sus labios Rosario entró a su casa azotando la puerta y la patrulla se alejo rechinando llantas.

No volvimos a saber de ella,  hasta que años después la mamá de una amiga nos platicó que encontró a Rosario trabajando en un Centro Comunitario de Ayuda para la Mujer. Nos contó que la vio muy bien. Supo que se había casado, que ya era madre;  y que era muy feliz orientando a las jóvenes.
De su ex novio, el golpeador,  refirió haberlo superado y que eso quedó había quedado en el olvido.

Entendí que Rosario logró unir las piezas de su corazón destrozado solo para hacerlo más fuerte.


Don Lázaro.

A la hora dela salida de la secundaria lo primero que nos encontrábamos cruzando la puerta, era el carrito de jugos de naranja de Don Lázaro; Él era un hombre de la tercera edad, de inseparables botas tamaulipecas rotas de las suelas  y de sombrero texano  perforado también por el tiempo.

Su carrito de jugos estaba hecho de madera y lucía destartalado; el letrero de su negocio era un juego de tablitas con letras pintadas en cada una de ellas, de tal manera que unidas entre sí se podía leer: "RICOS GUJOS DE NARANJA".

-"Ricos gujos de naranja"...¡Ja ja ja...! ¿Ya vieron eso? ¡Ricos jugos de naranja! ¡ja ja ja! - Se burló nuestro amigo Mauricio señalando el pequeño error-

-Ay sí, mucha pinche risa... " Ricos gujos de naranja"... ¡Pero bien que le entienden, pinches escuincles pendejos! - Contestó Don Lázaro, que a la distancia había escuchado a Mauricio, y la agarró parejo con todos en ese momento.
Mauricio paró de reír y de camino a nuestras casas, con vergüenza tuvo que soportar las burlas y el linchamiento amistoso.

Al día siguiente, y ya de manera seria, platicamos lo ocurrido. En general nos sentíamos apenados y nos propusimos ayudar de alguna manera a Don Lázaro: En el taller de estructura metálicas soldamos pedazos de solera para hacer un marco, del taller de carpintería obtuvimos una tabla para colocarla en el marco, y finalmente fuimos al salón de Artes Plásticas para hacer el diseño de un nuevo letrero que decía: "LOS RICOS JUGOS DE NARANJA DE DON LÁZARO". Adicional a eso, se realizó una pequeña cooperación de dinero con la finalidad de de entregársela al agraviado -pretendíamos recomendarle que usara ese pequeño recurso para la compra de un calzado nuevo-.

A la hora de la salida nos topamos con Don Lazaro y su carrito. Ángeles tomó la palabra y le dijo:
-Señor: Le ofrecemos disculpas por lo sucedido ayer, en verdad no fue intención de nadie hacer que usted se sintiera mal. Los muchacho hicieron este letrero para su carrito, esperamos que le guste porque lo hicieron de corazón-

Ángeles tomó un poco de aire -por aquello de los nervios- y prosiguió:
-Aparte y sin que se ofenda, nos cooperamos para darle un dinerito, no es mucho pero queremos ayudarle para que se compre una botas nuevas, algunos sabemos lo difícil que es caminar tanto con los zapatos rotos- Concluyó-.

Don Lázaro trató de darse un tiempo para mirarnos fijamente a los ojos de cada uno de nosotros y con su voz tranquila nos respondió:

-Miren escuincles, nadie es perfecto y de repente la regamos bien feo. Yo no fui a la escuela y lo poco que sé leer es por lo que me enseñó mi difunta esposa; de ella fue la idea de las tablitas con las letras, ella me acomodaba todo en el puesto y así anduvimos para arriba y para abajo hasta que a mi esposa se la llevo la diabetes...Ahora yo solito y tan sonso que soy, a veces no me acuerdo si va primero una letra o va la otra...o también es por la edad...Pero no pasa nada, ustedes no se preocupen, yo a mis tablitas no las cambio, y hasta que ya no pueda o el Señor me llame, así se queda mi letrero...Y de mis botas rotas, no se fijen ¡Sí tengo como diez pares nuevas en la casa! Lo que pasa es que estas son un regalito de mi hija, la que se fue para los Estados Unidos, ella me las mando hace un chorro de años ¡Y me va a traer más! nomas que no ha podido venir, pero luego en sus cartas me dice que vendrá un día de estos...Así que no puedo recibir su dinero...Yo a ustedes los veo a diario, y luego, luego uno se da cuenta de qué chamaco no almorzó, a quién no le dieron para gastar, a qué escuincle no le dieron para sus pasajes y ahí andan en el sol, quién sabe hasta dónde caminando, porque no hay dinero en sus casas...No me lo tomen a mal, pero no muchachos, gracias.- Nos terminó diciendo-

Don Lázaro sacó del carrito su costal de naranjas y las comenzó a repartir aventándolas a los presentes:
-Ora, ahí les va pa´la calor. La casa invita, ¡pero nada más hoy! ¡Y ya váyanse para sus casas chamacos carajos! ¡Orale!

Entendí que la entereza puede prevalecer a pesar de las piezas fragmentadas o rotas; y que cuando tiramos o logramos unir todo aquello que se rompe, que se fractura o que se estrella, formamos en el alma cicatrices que nos permiten continuar avanzando en el camino sin mayor demora.
































viernes, 30 de junio de 2017

MONOTONÍA VS TRASCENDENCIA



Hay un pájaro que elige siempre el mismo tramo de cable para posarse ahí durante un buen rato.
Otra ave, elige diariamente la misma punta de una cornisa para trinar animosa -indistintamente de que exista mal clima-.

Sobre la avenida abundan los mismos baches (a veces resulta grato reconocerlos), y cómo techo tienen a las conocidas copas de los árboles -que siempre será espectacular  poder visualizarlas-.

El mismo tráfico, los mismos autos, los mismos ruidos con sus mismos decibeles. Los mismos pórticos de las escuelas, los mismos cantos en honores a la bandera, los mismos niños distraídos que se creen enamorados y, comprometidos en la fila,  se toman de la mano.

Las mismas albricias dentro de las iglesias, el mismo perdón al inocente y al culpable.
El mismo temor de utilizar el GPS, o de no hacer uso de la intuición... La misma vaga sensación de estarnos perdiendo de algo.

La misma comedia, los mismos villanos, los mismos zapatos gastados, los mismos perpendiculares rayos del sol.

Las mismas ganas de huir, las mismas ganas de prevalecer. El mismo grito, el mismo camino.

Todo forma parte de un paisaje, de una estructura que ofrece bosquejos esenciales, y parecería no ser necesario profundizar en ello, detenerse un momento para apreciar si en todo existe algo bello, algo trascendente...algo fundamental.

Pasamos de largo por las laderas de las montañas, pero no distinguimos el frugal olor a campo.
Solo escuchamos ruido inteligible, discusiones, exigencias, quizá furia, corridos, reggaetón...
Miramos decenas de rostros difusos durante el día, pero al final del mismo no reconocimos si en cada uno de ellos existía dicha, necesidad o dolor.

Cada mañana la rutina hace fuerza tratando de que no se rompa la inercia de lo cotidiano, sin embargo, paralelo a ello se mantienen en calma los elementos que son sagrados: el amor, el conocimiento, la valentía, la entrega y la fe.
Elementos que nos permiten trascender más allá de la monotonía, emerger de los escombros donde nada cambia, donde todo es igual.
Entonces el reloj de arena avanza y la balanza se inclina a favor del constante cambio, encontrando nuevas rutas y diferentes ópticas; nuevos trajes y renovadas esperanzas; distintos antídotos e inéditas respuestas dentro de la misma ciudad; la de los mismos colores y la del invariable vacío.

El misterio de las flores que nacen y crecen en terrenos agrestes; es el mismo que el de la aves persistentes en las cornisas. Independiente del mal clima, animosas se disponen a trinar anunciando dulcemente que el día de hoy es bello, trascendental; parecen insinuar que si somos capaces de asimilar eso, nuestros mejores días pronto vendrán.


miércoles, 22 de marzo de 2017

EL AMIGO GUSTAVO





Un amigo -según la definición de la RAE-  es aquel con quien se disfruta algo en común. Es algo propicio, benigno, grato. Es un término para dirigirse a una alguien de manera afectuosa, aunque no haya propiamente una relación de amistad.

Bajo estos términos Gustavo Cerati es el amigo de millones; Es el fundador de La Ciudad de la furia, el diseñador de la música ligera y el creador de Los Juegos de la seducción.

En los años en los que no existían las redes sociales, miles adolescentes lo hicimos nuestro amigo.
En la era en la que no existía Spotify o dispositivos que viralizan canciones, Soda Stereo contaba con miles de reproducciones diarias en Latinoamérica.
Gustavo Cerati emergió para crear himnos eternos que sonaban en toda secundaria, en toda discoteca y en todo campus de universidad.

En algún momento de nuestra juventud, seguro que la mayoría de los pubertos quisimos ser como Gustavo: Un talentoso Rockstar:  frontal, contundente y desinhibido.

Gustavo fue un parteaguas del rock en español. Acerca de su trabajo hay un montón de críticas, alabanzas, premios y desprecios de los especialistas - críticas que no sirven para nada- al momento de disfrutar su legado.

Escuché sus primeras canciones en la radio "Espacio 59", percibí un estilo propio, algo diferente, un impacto que me impulsó a buscar sus dos primeros materiales editados en Argentina, y que solo conseguí en formato pirata en el Tianguis del Chopo.

Recuerdo el día que presenté mi examen de admisión a la preparatoria en el Palacio de Los Deportes. El foro estaba lleno a reventar. En medio de los nervios y de un mar de barullos, de algún lugar del foro surgió la música, sonó una canción reproducida en una radiograbadora introducida de manera clandestina; la primera estrofita de la canción sonaba así: "Yo te prefiero fuera de foco, inalcanzable. Yo te prefiero irreversible, casi intocable..." Reconocimos "Persiana Americana" dejamos de hacer aquello que estuviéramos haciendo, y sin darnos cuenta ya cantábamos al unísono el resto de la canción: "Tus ropas caen lentamente, soy un espía un espectador, y el ventilador desgarrándote, se que te excita pensar hasta donde llegaré..." Fue una comunión. El gran coro sonó tipo cántico de estadio; hasta que uno de los organizadores terminó la fiesta al ubicar y decomisar la radiograbadora.

Gustavo era un camarada que nos representaba absolutamente, sus líricas representaban a nuestra generación: Cuestionamientos, altas expectativas y la búsqueda de nuevos caminos.

Adoptamos a Cerati como nuestro Gurú; nuestro maestro de las cosas imposibles, el del séptimo día, de la primavera cero y de la fuerza natural.

Con el paso del tiempo, y de manera esporádica nos reuniamos con Gustavo y su banda; ya de manera formal en sus conciertos en el Magic circus, en el Auditorio Nacional o el mismo Palacio de los Deportes.

Al apagarse las luces Gustavo salía al escenario con su sombrero negro y su gabardina negra. Tomaba su guitarra con entusiasmo para saludarnos emocionado "¡Buenas noches México!" "¡Bienvenidos a los juegos de seducción!"...y la fiesta y la camaradería directa duraba aproximadamente dos horas...pero dejaba muy buenas sensaciones durante días.

Nuestros padres no comprendían nuestro gusto por esas canciones, pero hay algo importante de reconocer: El gran referente que es Gustavo Cerati en su trayectoria profesional: En todo momento grandioso. Monumentales presentaciones como testimonio de la pasión por su trabajo. En ello siempre dejó la vida.

Los amigos nunca se van.: prevalecen y trascienden a pesar de todo. Gustavo es un amigo genial que estuvo un buen rato entre nosotros, y tan osado como siempre, tomó su guitarra y se fue a explorar nuevos universos; no sin antes dejarnos su brillante legado en forma de una banda sonora que ameniza la vida de sus millones de amigos que -aquí en la tierra- lo seguimos escuchando cantar mejor que nunca.

Es en este punto, en el que de manera recíproca solemos pensar: ¡Gracias totales a ti!, querido amigo.





jueves, 15 de diciembre de 2016

TODOS SALTAMOS


Pamela brinca una y otra vez... Sube dos escalones para saltar y descender como un conejo. Flexiona suavemente sus rodillas, amortigua su aterrizaje.

Con esa nueva alegría que le provoca volar un segundo en el aire, repite el mismo ejercicio que agita su cabello, su ánimo y también las agujetas de sus tenis.

Minutos después Pamela hace una pausa, reflexiona en algo importante, se lleva las manos al pecho, esboza una sonrisa y corre hacia mis brazos -¡Papá, papá!- ¡Siente mi corazón... está brincando! ¡Está saltando papá! -y agrega- Yo creo que está muy loco, como muy contento...¡Está "féliz"! ("Féliz", así, acentuando la "e", según su vocabulario de tres años de edad).

-¡Impresionante! -le confirmo su teoría - ¡Tienes razón! Cada vez que saltas, tu corazón se pone "féliz".

Con su mirada llena de alegría Pamela regresa a los escalones para continuar con lo que acaba de descubrir y que tanto le divierte.

Fui breve, no pretendí estropearle el momento. Pude aburrirla explicándole  que saltar es un ejercicio arriesgado, pero necesario y maravilloso en nuestras vidas.

Todos hemos saltado para evitar los charcos de agua...
Algunas veces saltamos para librar los obstáculos.
Reaccionamos saltando cuando nos sentimos amenazados...
Todos saltamos de un avión sin paracaídas cuando decimos "Te amo".
Todos saltamos cuando decidimos dejar atrás los miedos.
Igual respiramos hondo antes de hacerlo...igual tomamos fuerza para impulsarnos...Igual sentimos la emoción y el vértigo.

Saltamos para cabecear y rematar a gol. Saltamos para despejar y evitar el gol.
Saltamos para abordar el transporte que parecía abandonarnos. Saltamos del transporte para no pasarnos de largo.
Saltamos para tocar el techo. Saltamos para intentar rozar el cielo.
Saltamos de manera incontenible para dar el primer beso
Saltamos para solidarizarnos: "Si tú saltas, yo salto", hemos dicho.
Saltamos de felicidad... Saltamos para celebrar el triunfo... Saltamos para llegar a otro nivel.

"La naturaleza no procede por saltos" -Afirmó Isaac Newton hace cientos de años- Quizá en su momento no advirtió la gran necesidad de cambiar abruptamente de un estatus a otro; romper con la inercia de lo programado, contar con una poderosa alternativa para modificar súbitamente los estados inmóviles: Los saltos cuánticos...
Quizá Newton no imaginó a Pamela saltando escalones, pero es preciso contar con contrapesos en las historias oficiales para apreciar con claridad  una verdad alterna de las cosas.

Saltar es un ejercicio maravilloso en nuestras vidas: Saltar de un escalón a otro.. agitarnos...Sentir esa alegría de levitar; Sentir ese vértigo que aviva nuestros corazones para impulsarnos hacia nuevos y mejores horizontes.

Sentirnos en estado "Féliz".









jueves, 24 de noviembre de 2016

CALENDARIO FIJO




El sol camina descalzo sobre las nubes de marzo.
La luna elegante desciende en el ascensor de Noviembre.
Febrero me invita a meditar en cuanto te quiero.
Mayo describe las palabras que a veces callo.

Enero se levanta cansado y austero.
En Septiembre tiembla casi siempre.
Tu sonrisa florece en cada Abril sincero.
Julio es el recreo de las tormentas y los finos aguaceros.

Agosto es hosco y de lejanos llanos.
Junio anhela sus tardes de verano.
Octubre nostálgico intenta no ser tan dramático.
En Diciembre se eleva el buen ánimo.

Y así pasan las horas, los días y los años; así transitan con gloria los eventos fantásticos que tengo de fijo en mi calendario: Disfrutar la luz de Pamela...la intensidad de Nahomi...los consejos de Chata, y la genialidad de Michelle.

Disfrutar de tu compañía, recordar nuestro aniversario...departir con mis hermanos...contar con la sombra de un árbol y tener un patio sin techo, con el cielo abierto a granel.

Dejar el alma en cada jornada es lo que cuenta; y cuentan todas las pequeñas cosas también.

Así sea primavera, localizar a Marte desde la azotea. Así sea invierno, a mantener el corazón caliente dentro de un termo.

En verano, a correr bajo los finos aguaceros templados, Y en el otoño a caminar los dos sobre las hojas marchitas tomados de la mano.

Diariamente durante la aurora, despertarme a cualquier hora.
En la primera hora del día mostrar agradecimiento y beber un café.
Sentirme listo para mi itinerario, disfrutar un día más tu lado, que esto es una fiesta; que todo ha sido un placer... 

Y así es como el sol camina descalzo, que la luna desciende, que Marte aparece y que tu sonrisa florece en el calendario fijo y condescendiente que nos regala la vida, y que -de manera bendita- unidos nos mantiene.

                                                                                                                             Feliz Aniversario # 19




jueves, 29 de septiembre de 2016

EL HIMNO ROTO




El sonido de los tambores de la banda de guerra escolar acompaña a los niños de primaria y secundaria que marchan por la avenida principal; celebran un aniversario más del inicio de la independencia nacional.

Ya sea por el calor -aunque el cielo está nublado- o porque son las primeras horas del día, pero los gritos de ¡Viva! son muy débiles, y la ejecución del himno nacional suena bastante distorsionado, roto.
Una interrogante importante es: ¿Qué ha pasado con las banderas? En años anteriores la bandera era un producto de consumo masivo en el mes patrio. Las calles solían estar tapizadas con la insignia nacional. 

Existe una mezcla de diferentes estados de ánimo en los rostros de todos los participantes. Más que la alegría de los debutantes y de los pocos desmañanados, se percibe un pesar: El pesar de la desvelada de la noche anterior, el pesar del camino que se debe de recorrer. El pesar de los problemas existentes que no permiten la algarabía...Mayoritariamente se percibe la expresión de "participo en contra de mi voluntad", y por encima de las cabezas se asoma una pregunta concreta: "¿Qué es lo que estamos celebrando?"

Comparto ese incómodo pesar con los participantes y me solidarizo con ellos; son demasiadas las preguntas que flotan en el aire: "¿Nos independizamos de quién, para ser ahora qué? ¿Qué sucedió después de la independencia?...¿Y después de la dictadura?...¿Y después de la revolución?...¿Y después de la democracia?...¿¡Y después de la alternancia!?..."

Una vez que se sueltan las interrogantes, suelen ser imparables y a veces infinitas. Y es que al día de hoy, siguen vigentes en todo el país esas conmovedoras "Siluetas Humildes" de las que nos contó hace mucho tiempo el maestro Carlos González Peña.
Se sigue reflejando la misma inequidad y el mismo dolor del pueblo que fueron plasmados hace décadas en "Jacinto Canek" de Ermilo Abreu.
Y por si esto no bastara, en la mayoría de las escuelas se ha perpetuado en carne viva la obra de Juan Sánchez Andraka: " Un mexicano más".

¿Por qué prevalece este sentimiento de desigualdad e injusticia?. ¿Una celebración de El Grito puede callar esas voces internas que se asoman cada año? ¿El desfile es un bálsamo que cura y tranquiliza la memoria? ¿Se concilian las deudas históricas? ¿Nos llena de justicia? ¿Nos proporciona confianza plena en el en futuro de nuestros hijos?

Suena duro, sin embargo todo tiene un porqué. Si me vinculo fraternalmente con esos rostros de pesar (que marchan más a fuerzas que de ganas), puedo entender que hace mucho tiempo -cuando fui niño- mi día escolar favorito era el lunes -día de honores a la bandera-. Centenas de niños y niñas; vestidos todos de blanco, firmes, formados pulcramente en el patio, entonando el toque de bandera.
Nuestro director -el maestro Porfirio- tomaba el micrófono para hablarnos de fechas históricas, nos describía las hazañas de combates gloriosos. En todo momento nos invitaba a sentir una profunda admiración y un gran respeto hacia los héroes que ofrendaron sus vidas para darnos patria y libertad.
La arenga devota de nuestro director tenía como colofón el himno nacional cantado a todo pulmón. ¡Qué orgullo! ¡Qué placer era cantar el himno nacional! ¡Gritar el himno nacional! Como si quisiéramos que con ello se reventaran las nubes y que lo escucharan -en donde sea que estuvieran- nuestros grandes héroes; que se sintieran satisfechos, honrados y enaltecidos.
En cada niño había un pequeño soldado dispuesto a emular a su héroes, de llegar a ser necesario.

Pero... siempre hay un pero.
Se supone que desde hace más de setenta años, teníamos todo para triunfar, para progresar, para ser un país de primer mundo. Pero, conforme fueron pasando los años, hubo un nulo avance en la economía. La inseguridad modificaba para mal las normas de la sociedad. La corrupción desmedida avasalló al obrero, al campesino y al estudiante. Los engaños, el abuso del poder y la demagogia desmoronaron  la visión de país festivo, libre y soberano; se fueron mermando el entusiasmo, las ganas, la credibilidad, y fue así entonces, que quedó ahogado el grito y cayó el himno roto.

Un himno roto, pero no tan roto como mis zapatos y mis pantalones que usaba cuando era niño.
Un himno roto, pero no tan roto como las promesas incumplidas de los políticos infames.
Un himno roto, pero no tan roto como el corazón de la madre angustiada por tratar de llenar-con muchos sacrificios- el estómago de sus hijos.
Un himno roto, pero no tan roto como la esperanza de los jóvenes, que ante la falta de oportunidades no ven claro su futuro.
Un himno roto, pero no tan roto como las almas tristes de los migrantes desplazados por la pobreza.
Un himno roto, pero no tan roto como nuestro ecosistema devastado con fines de lucro.
Un himno roto, pero no tan roto como el llanto amargo por la pérdida o desaparición inexcusable de un ser querido.

Un grito ahogado y un himno roto que juntos -en un día de celebración- no logran ahuyentar la ira, ni tampoco logran que se mude la tristeza. No se sanan las heridas con la simulación, ni se resarce el daño aventando ¡Vivas! y cohetones.
En momentos como estos de nada sirven las serpentinas o los jocosos saludos desde un devaluado balcón presidencial.

No sé si hemos sobrevivido todos estos años esperando el retorno del Padre de la Patria o añorando el regreso de nuestros Generales de la División del Norte y del Ejército Libertador del Sur.
La realidad es que como país hemos naufragado, y en medio de la confusión y del caos nos hemos aferrado -cada quien- a la tabla que está a su alcance...Y luchamos...pero luchamos siempre  aislados. Aún así, en medio de las crisis a veces logramos que sucedan los milagros. Milagros que alcanzarían para más si nos uniéramos... Milagros que alcanzarían para más si tan solo la clase política ejerciera honestamente su trabajo...pero los rapaces nunca cambian y siempre requieren de dos tipos de cómplices: Los cómplices directos -que son los que arrebatan- y los cómplices indirectos -que son aquellos que rehuyen a luchar por lo que les pertenece-.

Aunque.. siempre hay un aunque.
Hacia el final del desfile del día de hoy, los niños se relajan, las verdaderas sonrisas regresan a sus rostros; el compromiso ha terminado. Sus padres, que ya los esperan, los toman de la mano y se van fatigados de regreso a sus casas. Por más que busco, no veo ondeando ninguna bandera.

Aunque el grito salió ahogado y el himno sonó roto, quedó la esperanza del cambio en estas nuevas generaciones, que ya se cuestionan a sí mismas, que no festejan ni aplauden discursos carentes de todo; y que a marchas forzadas, estoicos cumplieron con su compromiso.
La confianza en las nuevas generaciones es lo único que no puede desmoronarse. La historia nos cuenta de naciones en ruinas que renacieron de entre sus cenizas gracias a la fuerza y determinación de su juventud.

Quizá hoy sea tiempo propicio para cultivar de nuevo flores, para levantar lo que está caído y para remendar todo aquello que esté roto. 

Me quedo con la metáfora del escritor argentino Juan José de Soiza, en la que describe a la patria como "el hogar ausente". Justamente en ese sentido parecería que El Grito ya no es nuestro Grito, y que ese himno roto, tampoco es nuestro himno. Parecería que nuestro país ya no nos pertenece porque hemos estado ausentes de él, desde hace mucho tiempo.





martes, 9 de agosto de 2016

CARTAS ARCANAS II




Nahomi y Michelle:

Probablemente en estos tiempos ya se habrán dado cuenta de cuan imposible era que existiera una casa hecha de dulces y chocolates -perdida en un bosque encantado-.
Seguramente desafiarán a la historia y cuestionarán el hecho de que existan los bosques encantados, las hadas madrinas y los príncipes valientes.

En la medida en la que ustedes van creciendo, pudiera suceder que lo fantástico les parezca que carece de lógica, sin embargo, puedo asegurarles que lo extraordinario existe: Tantas veces escaparon del lobo, tantas veces desenterraron las espadas de las piedras, y tantas veces encontrarán el camino de vuelta a casa gracias a  las migajas de pan que van dejando en su trayectoria.

Hormigas y cigarras que hablan... bellas y bestias viviendo en armonía...Justicieros eternamente perseguidos... doncellas subestimadas que -invariablemente- logran encontrar su recompensa. Todo ello forma la anatomía de nuestras leyendas personales. Transfiguramos los personajes y adaptamos los guiones construyendo nuestra propia historia.

La investidura de princesa precede a la de reina. Cada etapa tiene su silogismo, mas en ninguna de las dos se pierde jamás el encanto y el estilo.

Cada fase tiene su dificultad, pero lo primordial es mantener el entusiasmo de un niño; Creer sin temor en que todo es posible y en que no existen los límites.

Así que, Nahomi y Michelle, cuando ustedes eran pequeñas, yo las llevaba de la mano; las cargaba sobre mis hombros -si era necesario- y les mostraba el camino a seguir. Ustedes aceptaban todo de manera diligente porque sabían que jugaríamos con lodo, que nos aventaríamos vestidos a la alberca, que exploraríamos las rutas que no están trazadas en los parques, y que por las noches les contaría esos cuentos fantásticos de desenlaces felices.

Conforme han ido creciendo, lentamente se han ido soltando de mis manos; lo cual es normal: Esa es una ley de vida. 

Nos hemos acostumbrado a que no se puede ser niño para siempre. Nos vamos acoplando a la tensión, rudeza y ambición de la edad adulta. Poco a poco vamos olvidando la inteligencia, la sencillez y la felicidad genuina que tiene el niño.
La evolución es indispensable, pero no podemos dejar atrás ese espíritu y esa fortaleza del niño que todos fuimos; eso nos ubica, nos libera la presión y nos hace más ligero el viaje. Dejar de lado el miedo al ridículo y a las críticas no nos hace vulnerables, solo nos hace ser auténticos.

Entonces, Nahomi y Michelle, Solamente les pediría que no olviden la piedra angular de donde todos venimos y nos hizo ser lo que ahora somos. No olviden leer por las noches -antes de dormir- un buen libro de aventuras. No olviden al perrito "Tintán" ni al gatito "Mantequilla". Actúen para que prevalezca el ratón de los dientes, los deseos al apagar las velas del pastel, y la oración a su Ángel de la Guarda. 

No se resignen a lo intrascendente ni a la rutina. Sigan entrenando su imaginación, y consideren que todo es posible. Mantengan la rebeldía ante lo cotidiano. La bandera de sublevación sólo se debe de izar con los pies bien plantados en el suelo; de no ser así, el grito de libertad pasará a ser una triste anécdota, fragilidad y desconsuelo.

Siempre carguen en su equipaje: Gratitud, serenidad y humildad. Son las llaves que les abrirán muchas puertas.

Son las causalidades -y no las casualidades- el origen de nuestras proezas. Zarpen y gestionen pues con mucho entusiasmo e imaginación que sus naves lleguen seguras a mil puertos. Suelten los amarres, eleven el ancla y concreten sus sueños...Que a donde sea que ustedes vayan, constantemente existirán esos lugares comunes en los que coincidiremos, y ante todo lo posible e imposible, estén seguras de que yo estaré ahí, frecuentemente a su lado.